Reflecciones del amor y el matrimonio, C.S. Lewis

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Una intimidad completa y compleja
El inventor de la máquina humana nos estaba diciendo que sus dos mitades, el varón y la hembra, fueron hechos para ser combinados en parejas, no simplemente en el nivel sexual, sino totalmente combinados. La monstruosidad de la relación sexual fuera del matrimonio es que aquellos que se entregan a ella están tratando de aislar un tipo de unión (la sexual) de todas las otras clases de unión destinadas a darse junto a ella y constituir la unión total.

La actitud cristiana no significa que haya nada malo respecto al placer sexual, como no lo hay en el placer de comer. Significa que no se debe aislar tal placer y tratar de obtenerlo por sí mismo, tal como no se debe intentar lograr los placeres del sabor sin tragar ni digerir, masticando las cosas y escupiéndolas después.

Mero Cristianismo, C.S. Lewis, pp 45-46



Estar enamorado y un amor más sublime

Estar enamorado es algo bueno, pero no es lo mejor. Hay muchas cosas que están por debajo, pero también hay otras que están por encima. No puede hacerse de ello la base de la vida en su totalidad. Es un sentimiento noble, pero no deja de ser un sentimiento. Y no se puede confiar en que sentimiento alguno perdure en toda su intensidad, o incluso que perdure. El conocimiento puede durar, los principios pueden durar, los hábitos pueden durar, pero los sentimientos vienen y van. Y, de hecho, más allá de lo que diga la gente, el estado conocido como “estar enamorado” generalmente no dura. 

Si se toma el viejo final de los cuentos de hadas, “vivieron felices para siempre” como “sintieron por los siguientes cincuenta años exactamente lo mismo que el día antes de casarse”, entonces está diciendo algo que probablemente nunca fue ni podría ser verdad, y que sería muy poco deseable si lo fuera. ¿Quién podría vivir en ese estado de exaltación siquiera por cinco años? ¿Qué sería de tu trabajo, tu apetito, tu sueño, tus amistades? Pero, por cierto, dejar de estar “enamorado” no necesariamente significa dejar de amar. El amor en este segundo sentido -el amor en tanto distinto al “estar enamorado”- no es meramente un sentimiento. Es una unidad profunda, mantenida por la voluntad y deliberadamente fortalecida por el hábito; reforzada (en los matrimonios cristianos) por la gracia que cada uno de los integrantes de la pareja pide, y recibe, de Dios.

C.S. Lewis, Mero Cristianismo p. 48

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